22. enero 2018

La expresión de moda: progressive web apps. ¿Hay para tanto?

Los que trabajamos en el ámbito de la tecnología hemos de estar muy pendientes no solo de los progresos técnicos sino de las novedades conceptuales. Continuamente se acuñan nuevos términos para definir prácticas presuntamente innovadoras  y parte de nuestra tarea, como si nos sobrase el tiempo, consiste en separar el grano de la paja, los que aportan algo de los que solo son ruido. En nuestro gremio, como en cualquiera, hay mucha palabrería que quizás sirva para pavonearse, pero que no describe ningún cambio sustancial y que acaba por desaparecer sin dejar huella.

Así que hoy nos toca vérnoslas con uno de los conceptos que últimamente aparece con más insistencia en los medios y foros especializados, el de Progressive Web Apps, que según esas mismas informaciones será una de las tendencias de 2018. Aunque el concepto no sea tan reciente y se venga hablando de él desde hace algún tiempo, este año podría cobrar más relevancia, en consonancia con el peso que van adquiriendo otras nociones como la experiencia de usuario (UX) en las que nosotros mismos insistimos.

La idea detrás de todo este runrún es acabar con esa sensación, molesta para cualquier usuario, de que la web y la aplicación ofrezcan una experiencia muy dispar y, en uno de los dos casos, poco satisfactoria. Tanto cuando se nota que una aplicación no es nativa y que se ha empaquetado la web de aquella manera  para que funcione en el móvil como, especialmente, a la inversa, cuando la web no ofrece el rendimiento, velocidad y otras ventajas de una aplicación.  Es decir, se trata de difuminar la frontera entre la navegación convencional y el uso de una app de un determinado sitio o servicio. O por explicarlo de otro modo, conseguir que una web se comporte tan bien como una app nativa y explote las funcionalidades de hardware que le son propias.



En el fondo, es un reconocimiento de algo que en Navilo tenemos muy claro: que el móvil se ha convertido en la forma principal de acceso a la red para la mayoría de usuarios y que muchos de ellos entienden mejor la lógica de las aplicaciones y se sienten más cómodos interactuando con ellas que con una página al uso.

Así, según sus impulsores, las PWA hacen hincapié en varios aspectos:

Rapidez: que la carga sea más veloz y que, una vez dentro, la navegación sea muy fluida, además de que pueda accederse a ella incluso sin conexión.

Visualización: se busca una experiencia de pantalla completa como la que dan las aplicaciones y que no haya scrolls de esos que te dejan el dedo hecho polvo, menús de navegación farragososos como los que todavía persisten en tantas webs o tamaños fijos que no se adaptan al dispositivo.

Identificación: de las webs y enlaces mediante iconos como los que distinguen a las aplicaciones.

Instalación: opcional, pueden instalarse como una app o usarse directamente en la web.

Notificaciones automáticas: opción de que el usuario reciba notificaciones push como las que envía una aplicación.

Detección: gracias a la adhesión a ciertos estándares, mejoran la visibilidad en los buscadores de las aplicaciones y resuelven algunos de los problemas de indexación a los que éstas se enfrentan.

Todo esto se hace posible gracias al uso de tecnologías y patrones como los service workers y las app shells, cuyas interioridades técnicas seguro que más de un lector agradecerá que no expongamos. Se trata más bien de dar a conocer por dónde van los tiros y que la próxima vez que oigamos hablar de las PWA no nos pillen en fuera de juego. A fin de cuentas, entre quienes más se han mojado en su promoción encontramos a Google, con todo lo que eso implica. Tanto es así que entre sus páginas dirigidas a desarrolladores ha añadido una recopilación de las ideas principales acerca del concepto y los recursos disponibles para adoptarlo.

Pero, quizás, lo que más pueda interesarnos es si todo esto de las PWA es algo que hay que seguir con mucha atención…o es un hype para llenar páginas de blogs e inquietar a los responsables de marketing o tecnología de las empresas, sin que nada justifique tantos desvelos.

La respuesta es que puede ser un poco de las dos cosas. Desde luego, cuando un término se pone en boga, hay el riesgo de perder de vista nuestras prioridades y tomar decisiones solo por adaptarnos a lo que parece que es tendencia. El miedo a quedarse atrás ha hecho cometer tantos errores como el inmovilismo. Por otro lado, cuando algo tiene apoyos tan fuertes y se basa en fundamentos de lo más sensato, es muy imprudente pensar que será una moda pasajera más y que no hay nada que aprender.
En realidad, lo que puede ponerse en entredicho es que las aplicaciones web progresivas sean algo radicalmente nuevo y que nos obligue a replantearlo todo. Muchos de los principios y protocolos auspiciados por las PWA son cosas que los programadores con experiencia ya estamos aplicando. Es más, son el pan nuestro de cada día, por lo que en absoluto partimos de cero.

Vale, ¿pero entonces qué? Como cliente ¿he de ser yo quien decida por dónde tirar? Pues no: como cliente lo fundamental es tener claro cuáles son nuestros objetivos y los problemas que hemos que vencer para alcanzarlos. De las respuestas óptimas es de lo que nos ocupamos nosotros. Pero si acaso, como indicación general, podemos decir que si la esencia de nuestro negocio se manifiesta en las funcionalidades de una app móvil, la aplicación nativa sigue siendo la mejor solución. Si, por el contrario, se expresa mejor en una web, el nuevo paradigma introducido por las PWA sí que debe ser por lo menos tenido en cuenta.  

 

 

 

 

progressive web apps
Navilo